editorial de granvalparaiso.cl sobre la eleccion del nuevo papa

solo con animo de abrir el debate, la verdad sin ser catolica es dificil opinar, pero al leer las biografias que circulan por la red, da un poco de pena….

El Espíritu Santo andaba volando bajo

Elección del ultraconservador y ex soldado nazi Joseph Ratzinger amenaza con agudizar tensiones internas y sincerar el quiebre que ya se vive al interior de la Iglesia Católica

El Espíritu Santo andaba volando bajo

Por Raúl Gutiérrez Valenzuela
(19/04/05)

LA PR�DICA QUE se mandó el Cardenal alemán Joseph Ratzinger durante la Misa previa a la inauguración del cónclave retrata de cuerpo entero a este hombre que fue durante largos años la mano derecha de Juan Pablo II, pero que jugó el papel de duro, implacable, el que silenció sin piedad a los teólogos disidentes, ya que los tiempos le impedían mandarlos a la hoguera de la inquisición.

Por eso, su designación al frente de la Iglesia Católica constituye una catástrofe de dimensiones bíblicas, sólo atemperado por el hecho de su avanzada edad, 78 años, lo que permite suponer que no reinará más de diez años.

Para que el Padre Felipe Berríos ni Monseñor Cristián Precht, y los que sienten y viven su religión como ellos, se hagan la menor ilusión, cabe señalar que en la mencionada prédica, Ratzinger, cuyo apellido suena como un ladrido y que sirvió bajo el ejército de Hitler, hizo una encendida defensa de la ortodoxia católica, amenazada, según dijo, por el relativismo y las “modas de pensamiento”. El nuevo Fuhrer católico adoctrinó a los cardenales, nombrados en su abrumadora mayoría por él mismo durante el largo pontificado de un Juan Pablo II cada vez más imposibilitado de ejercer sus funciones.

Ratzinger aprovechó de adoctrinar a los cardenales, asegurándose así la nominación que obtuvo a la tercera ronda de votaciones, lanzándose con todo contra las llamadas doctrinas modernas, que en su estrecha concepción abarcan desde el relativismo hasta el marxismo, pasando por el liberalismo y el sincretismo, defendiendo sin contemplaciones la adhesión al dogma.

“Tener una fe clara, basada en el credo de la Iglesia, se suele considerar hoy día como fundamentalismo. Y el relativismo, que es dejarse llevar por cualquier vaivén de las enseñanzas, parece hoy la única actitud aceptable. Estamos avanzando hacia una dictadura del relativismo que no reconoce ninguna certidumbre y que tiene como su principal objetivo el propio ego y los propios deseos”, expresó sin rodeos el ex soldado nazi, a quien hay que reconocerle eso sí que expresa su pensamiento de frente. Por eso es que cabe suponer que agudizará las tensiones eclesiales internas, lo que precipitará el quiebre ya encubierto que se vive dentro de la milenaria institución.

En la mencionada homilía, apenas algunas horas de ser investido Papa, Ratzinger arremetió contra las nuevas doctrinas, las sectas, las corrientes ideológicas, las “modas de pensamiento”, y su influencia no solamente en la sociedad laica, sino también al interior de la Iglesia: “La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos ha sido agitada con frecuencia por estas ondas, llevada de un extremo al otro, del marxismo al liberalismo, hasta el libertinaje; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo, etc.”.

Según el enviado especial de El Mercurio, la homilía del purpurado alemán fue interpretada como el programa político y doctrinal que debería tener el Papa. “Fue como escuchar una suerte de programa político, sobre todo por la insistencia que hizo sobre el relativismo en la cultura moderna y contemporánea, un mensaje para que se mantenga la línea conservadora”, comentó a la agencia AFP Filippo Gentiloni, historiador y vaticanista del diario “Il Manifesto”. Parece que Ratzinger tenía todo muy amarrado, así que pudo darse el lujo de hablar con la seguridad de que él era el sucesor de Juan Pablo.

Pueden irse despidiendo de todas las ilusiones, los que postulan a una postura menos dogmática en materia de métodos anticonceptivos, habida cuenta de que jamás Jesucristo se pronunció sobre el tema. Ni pensar en el levantamiento del celibato forzoso para quienes aspiran al sacerdocio. Y las mujeres que vuelvan a sus cocinas, ya que la posibilidad de que ellas accedan al sacerdocio resulta simplemente diabólica para Ratzinger. Católicos divorciados, ni sueñen con ser readmitidos a la comunión. ¡Ah, y guay de quien pretenda pensar por su cuenta dentro de la Iglesia! La Santa Inquisición ha vuelto en gloria y majestad, de modo que a quienes discrepen, sólo les quedará el exilio.

A la luz de lo expuesto, no es extraño que en las biografías que se hacen del nuevo pontífice, se señale que Ratzinger representa la línea más dogmática de la Iglesia, con ideas que a menudo chocan con las corrientes liberales de su país de origen, donde se le ha llegado a acusar de inquisitorio.

Ratzinger, nacido en la bávara Marktl, en la diócesis de Passau, en una familia tradicional de campesinos, participó como soldado del ejército alemán en los últimos meses de la II Guerra Mundial, agregan las biografías. Lo cual explica, por cierto, muchas cosas y hace temer lo peor a quienes siguen dentro de la Iglesia con la esperanza de que la institución se haga más dialogante, se convierta más en un puente que en un muro para llegar a Dios, y se asemeje más a una comunidad que dialoga con el mundo y lo sirve, antes que a un regimiento que se mueve al impulso de Lili Marlen. Antes que la Santa Madre Iglesia, tendremos cada vez más una dura madrastra, que hablará más de la ley que del amor, más del pecado que de la salvación.

En suma, el Espíritu Santo andaba volando muy, pero muy bajo, cuando los cardenales católicos optaron por amplia mayoría elegir a Joseph Ratzinger. Dios nos pille confesados.

Bueno, nunca hay que perder del todo la esperanza. Dios escribe derecho con líneas torcidas. En una de esas, el nuevo Papa se convierte al Evangelio y nos depara una sorpresa a todos.

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