Sebastián Edwards, uno de los pensadores de Chile en el extranjero, le pide a Lagos acelerar y arriesar al final de su mandato, desde su mirada economica obviamente, yo me pregunto que pasaria si le pidieramos lo mismo en terminos sociales con Politicas de Estado y no solo con programas que sabemos se pueden acabar una vez terminado el Gobierno.

El articulo aparecido en la Tercera me parece interesante leerlo y comentarlo.

Opinión de Sebastián Edwards, economista y profesor de la Ucla
Con el acelerador a fondo
Fecha edición: 26-12-2004

Después de cuatro años tristones y mediocres, el gobierno de Ricardo Lagos está terminando magníficamente bien.

El precio del cobre continúa en las nubes, la inflación está controlada, y el crecimiento se ha disparado. Y aunque el desempleo sigue siendo alto, ya empieza a menguar. Las perspectivas económicas son halagadoras, y los gurúes ya proyectan un crecimiento por encima del 6% para el 2005.

Este buen desempeño de la economía explica, en parte, el altísimo nivel de adhesión popular del que goza el Presidente Lagos.

Ante esta realidad resulta tentador dedicar los últimos meses de gobierno a cosechar lo sembrado.

Hasta cierto punto es una estrategia lógica y exenta de riesgos. Según ella, el Presidente de la República debiera aprovechar su altísima popularidad y dedicarse a sonreír mucho, a inaugurar obras, y a fotografiarse junto a los candidatos de la Concertación.

Pero si bien esta opción es eminentemente razonable, sería un grave error adoptarla.

Si el Presidente Lagos quiere pasar a la historia como un Mandatario que cambió decididamente el rumbo del país, no puede bajar la guardia, ni puede sentarse en los laureles de su popularidad. Al contrario, este es precisamente el momento de pisar el acelerador a fondo en materia modernizadora.

En los próximos meses el Presidente debiera usar su abundante capital político para promover nuevas reformas que permitan avanzar decididamente por la senda de la modernidad. Una estrategia verdaderamente visionaria debiera constar de dos componentes: por un lado el Presidente debiera implementar una enérgica agenda legislativa tendiente a modernizar la economía y las instituciones. Esta agenda debe ser impulsada aun cuando no sea del agrado de algunos dirigentes de la Concertación. En segundo término, el Primer Mandatario debiera usar su gran ascendiente y sus dotes de comunicador para iniciar una conversación nacional que permita ir creando una visión de país de largo plazo.

Cualquier conversación sobre el futuro debe partir reconociendo que el país enfrenta una crisis educacional de enormes proporciones.

Ya no se trata de un problema circunscrito a ciertas regiones, o sólo a ciertas áreas del sistema educativo. Digamos las cosas como son: el problema educacional chileno es generalizado, extremadamente serio, y sistémico. Afecta tanto a la educación básica, como a la educación secundaria y universitaria. Como los resultados de la última prueba Timss han demostrado, la educación básica es pésima (“Una verdadera estafa”, dije en una oportunidad, y el ministro se molestó). La educación secundaria es tan mala o peor; y, tristemente, la educación universitaria se está quedando crecientemente atrás, atrapada en esquemas anticuados e inefectivos.

El cuadro es tan desolador que si no se toman medidas inmediatas, hipotecaremos nuestro futuro. Sin una educación de mediana calidad será imposible llegar a ser un país próspero dentro de una generación.

Un plan de acción educativo debiera, al menos: reformar el Estatuto Docente, poniéndole fin a la inamovilidad de profesores y directores de escuela; revolucionar el sistema de financiamiento educacional a todos los niveles; implementar, de una vez y para siempre, el sistema de evaluación docente en las enseñanzas medias y básica; aumentar el financiamiento competitivo para la investigación universitaria en ciencia y tecnología; y descentralizar fuertemente el sistema de financiamiento, evaluación y control. Naturalmente, que no será posible poner en marcha todas estas medidas en los meses que le restan a la actual administración. Pero lo que sí se puede hacer es emprender una profunda conversación sobre el tema; conversación que diga las cosas como son, y que proponga soluciones profundas, creativas y audaces.

En materia legislativa para el resto del sexenio, el primer paso es impulsar proyectos que aseguren una fuerte caída en el nivel de desempleo y que transformen la actual reactivación en un crecimiento económico sostenido. Para ello es de urgencia implementar una profunda y ambiciosa reforma laboral que termine con la discriminación en contra de las mujeres y cree empleos entre los jóvenes.

El llamado proyecto de “adaptabilidad laboral” del gobierno ya no es suficiente; lo que el país necesita son medidas creativas e innovadoras, en la línea de las recientemente propuestas por el economista Eduardo Engel en un seminario en el Senado.

Para que la actual reactivación se transforme en crecimiento sostenido es necesario fomentar la inversión, el ahorro, la innovación y la productividad. Ello requiere, en primer lugar, no impulsar proyectos legislativos malos, que “atornillan al revés,” y que resultan en una caída de la inversión y en mayores distorsiones, como el llamado “proyecto de Royalty II”.

Una reforma provisional, que corrija las deficiencias del actual sistema, sin poner en riesgo sus logros, contribuiría a aumentar el ahorro nacional. Medidas que fomenten la competencia entre las administradoras de pensiones son, en general, bienvenidas.

Adicionalmente deben corregirse las edades mínimas para pensionarse, y aumentar los incentivos para contribuir a las cuentas de ahorro voluntario. Pero quizás lo más importante es que esta reforma debiera buscar ampliar la cobertura del sistema, a través de la incorporación de los trabajadores por cuenta propia.

Los grandes líderes nunca cejan en su afán por mejorar a su país. No gobiernan en base a las encuestas ni a los tiempos políticos; mantienen el acelerador a fondo hasta el último día de su mandato.