La ex-ministra Bachelet, cayo enferma y mostró que estaba sola en una carrera que implica mucho desgaste, pronto deberá conformar sus equipos de trabajo (recuérdenle que yo podría ayudarla feliz, jajaja) y demostrar que esta preparada para ser la próxima presidenta, liderar equipos y cuidar(se) su gran capital de imagen publica. A continuación dos recortes de La Tercera. Primero Patricio Navia y una opinión sobre la diferencia entre ser buen candidato y ser buen presidente o líder (que me parece la tarea pendiente de demostrar por parte de la exministra) y la segunda un reportaje sobre la falta de un equipo de apoyo y campaña por parte de la mas popular de las candidatas.

Patricio Castro

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Opinión
Patricio Navia: Lagos y anti-Lagos

Lagos ganó la elección de 1999 porque, pese a ser un mal candidato, convenció al país de que podía ser un buen presidente. Bachelet sí es una buena candidata, pero tiene que probar que también puede ser una gran gobernante.
Fecha edición: 05-12-2004

Muchos concertacionistas experimentan la singular contradicción de, por un lado, admirar a Lagos por su condición de estadista y, por el otro, destacar que Bachelet sería una gran presidenta precisamente por ser tan diferente de él.

Cuesta pensar en dos estilos de liderazgos más diferentes e incluso contrapuestos que los de Lagos y Bachelet. El tercer presidente de la Concertación es mucho mejor presidente que candidato. Desde sus brillantes discursos de 21 de mayo, pasando por sus visionarios proyectos de ley hasta sus ambiciosas iniciativas de política internacional, Lagos desarrolla sus tareas presidenciales con destreza, prestancia y un orgullo tal que subraya que ser buen político requiere tanto de ciencia como de arte. Su popularidad actual, superior a la de Frei Ruiz-Tagle y Aylwin en momentos equivalentes, demuestra que la opinión pública recompensa a este presidente que ha convertido su lejanía en una fortaleza y ha transformado su aire de superioridad magisterial en una popular característica de su personalidad. Autoritario y con reconocidos problemas de genio, Lagos se ha ganado el respeto hasta de sus más acérrimos críticos.

Sus seguidores y sus adversarios concuerdan en que Lagos se siente mucho más cómodo enfrentando a George W. Bush que pidiendo el voto a la señora Juanita. De hecho, su gran dificultad para ganar las presidenciales del ‘99 radicó en que se preparó durante muchos años para ser presidente, no para ser un buen candidato.

Como Primer Mandatario, Lagos fácilmente asume la condición de guía de los destinos de la nación. Su grandilocuente discurso, aún a la hora de inaugurar soluciones básicas para la extrema pobreza, evoca más la estatura de un líder mundial que la de un mandatario de una nación tercermundista donde el 14,1% de la población vive bajo la línea de la pobreza y un 4,7% adicional vive en la indigencia. Pero para un país que aspira a ser líder y sueña con el desarrollo -inspirado en las promesas de casi todos los juglares económicos de los últimos cuatro gobiernos- un presidente como Ricardo Lagos nos viene de maravillas. Para un país que quiere ser la estrella del nuevo milenio no hay mejor jefe de Estado que el que se ve a sí mismo como el fideicomisario de un sueño hasta ahora inalcanzable.

Michelle Bachelet, en cambio, posee todos los atributos que tanta dificultad representaron para Lagos en las elecciones de 1999. Cercana, espontánea, simple, directa y humanamente razonable, Bachelet representa mucho más la realidad posible que los sueños de grandeza.

Su lentitud para formar equipos organizados de trabajo desde su salida del Ministerio de Defensa, su preferencia por la improvisación y la espontaneidad, y su excesiva confianza en su simpatía personal por sobre los planes de trabajo subrayan tanto sus evidentes fortalezas como sus preocupantes debilidades. A diferencia de Lagos -que constituyó en la Fundación Chile 21 su comando de campaña varios años antes de las presidenciales- Bachelet ha tomado un camino más arriesgado. Ya que se la ha jugado por no definir su propia plataforma política ni por dejar en claro su visión de país -siguiendo el ejemplo de Lavín en 1999, que tanto criticó la propia Concertación-, Bachelet corre el riesgo de que otros intenten explicar por ella las que serían las metas de su gobierno.

Mucho más cercana a la gente común que a los líderes mundiales, Bachelet parecería más cómoda hablando con la señora Juanita que con Bush. Sus defensores comprensiblemente argumentan que ella recién comienza a articular su mensaje, pero a 12 meses de las presidenciales y a 8 de que la Concertación tenga que inscribir candidato, es hora de apurarse. Otros argumentan que no es necesario que Bachelet entre al terreno de las ideas. La suya sería una campaña de continuidad en las políticas pero de cambios profundos en el estilo y personalidad de gobierno respecto a lo que ha sido el sexenio de Lagos. Por eso, en vez de hablar del futuro del país, Bachelet podría seguir hablando fundamentalmente de sus experiencias personales.

PORTADA Domingo 5 de diciembre de 2004
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La crisis que desató el cuadro respiratorio que afectó a la ex ministra
La neumonía de Bachelet y el ataque de nervios en el PS

El cuadro respiratorio que dejó a Bachelet fuera de la Enade desató preocupación en el socialismo y los hombres cercanos de la ex ministra, que aún tenían fresco el recuerdo del aneurisma cerebral que la obligó a operarse en 2002. Si bien quieren bajar el perfil del estrés del que habló Ominami, varios dirigentes le habían advertido a Bachelet que disminuyera su carga de trabajo. Le sacaron 200 cc de líquido de la pleura. Cuando salga de la clínica pasará 15 días en reposo absoluto y debiera esperar, al menos, otros 30 para retomar su rutina.
Fecha edición: 05-12-2004
Paula Canales y Gloria Faúndez

Los dolores de espalda, la fiebre y los vómitos que sufrió Michelle Bachelet el viernes 26 de noviembre en Copiapó tomaron por sorpresa a los dirigentes PS que habían organizado un acto de campaña para ella. En el socialismo estaba aún vigente el recuerdo del aneurisma cerebral que, en 2002, había llevado a la candidata a operarse. Por ello, de inmediato pusieron en marcha un improvisado operativo para descubrir las causasa de su malestar.

La cúpula regional del partido resolvió entonces contactar de inmediato al senador PS por Atacama Ricardo Núñez, quien estaba fuera de la región. Por teléfono le informaron de lo sucedido y le pidieron que hiciera gestiones para trasladarla esa misma noche a Santiago para internarla y descubrir las causas de su malestar.

Minutos después de la una de la madrugada, el presidente del PS, Gonzalo Martner, recibió el llamado telefónico de Núñez. Este lo puso al tanto de la salud de Bachelet y le pidió que recurriera al ministro del Interior, José Miguel Insulza, para que gestionara el transporte aéreo. Las diligencias no prosperaron y la ex ministra pasó la noche en la Clínica de la Asociación Chilena de Seguridad en la Tercera Región, donde recibió el diagnóstico de neumonía aguda.

El sábado fue trasladada a Santiago en un avión privado, un CC-CWZ de la línea Aerocardal, y apenas aterrizó en el aeropuerto de Pudahuel una ambulancia la llevó a la Clínica Alemana. Allí la esperaba su médico de cabecera, el cardiólogo José Miguel Puccio, quien había conformado un equipo de profesionales compuesto por un broncopulmonar y un infectólogo para que se hicieran cargo de Bachelet.

Tras unos exámenes, los facultativos le diagnosticaron una neumonía con derrame pleural (con líquido en la pleura, la membrana que envuelve el pulmón), desatada por un resfrío mal cuidado que había derivado en una infección. Para atacar la afección de raíz, la ex ministra fue sometida a las 14 horas del domingo a una intervención quirúrgica denominada videotoracoscopia, que consiste en la introducción de un tubo flexible al pulmón. Así se le aspiraron 200 cc del líquido presente en la pleura, para acelerar la recuperación de los pacientes.

Tratamiento intensivo

Según varios especialistas consultados por La Tercera, para que se dé un cuadro de esta complejidad deben conjugarse tres elementos: huésped (el paciente), infección y el ambiente determinado. “Aquí se juntaron todos los factores”, dice un facultativo, “el huésped estaba débil y al descuidarse, empeoró la suma de los factores”, agrega.

Como es habitual en casos de este tipo, Bachelet está sometida a un tratamiento con antibióticos vía intravenosa para controlar la infección, porque en el pulmón no pueden quedar adherencias (cicatrices que podrían afectar su recuperación).

Por ese motivo, una vez que deje la Clínica Alemana, Bachelet tendrá que guardar otros 15 días de reposo absoluto. Según los especialistas, después de ese período de descanso la ex ministra, como todo paciente con un cuadro similar, deberá someterse a nuevos exámenes y radiografías para comprobar que el tratamiento haya surtido el efecto esperado como para darle el alta médica. Algunos especialistas agregan que para retomar a plenitud su rutina diaria deberá cuidarse al menos por otros 30 días.

Los días previos a ser internada, Bachelet presentaba síntomas como dolores agudos a la espalda, escalofríos y fiebre, por ello su entorno más cercano le había recomendado no asistir a la actividad de Copiapó. Incluso, antes de que viajara a Alemania, la segunda semana de noviembre, sus colaboradores le pidieron que acudiera a alguno de sus colegas médicos, porque lucía una fuerte tos que le impedía respirar con normalidad. Aunque les hizo caso a sus amigos, la ex ministra no tomó en cuenta las recomendaciones y sólo llevó en su bolso de viaje unas pastillas para la garganta.

Los malestares continuaron en el país germano y quienes compartieron con ella en la gira internacional dicen que se veía muy cansada y que les confidenció que tenía ganas de tomarse unos días de descanso a su regreso a Chile. Pese a que sabía que su agenda estaba muy recargada, porque se había comprometido a exponer en la Enade y el seminario de DD.HH. del Ejército, estaba pensando en viajar al sur, a su casa en el lago Caburga, junto a su hija Sofía. Bachelet también argumentaba que se sentía presionada a aplazar su descanso, por quienes en su partido le insistían que debía zanjar a la brevedad la discusión sobre la conformación final de su equipo de campaña, prevista para inicios de la próxima semana.

Miembros del PS afirman que si hasta hace unos meses Bachelet daba muestras de no estar totalmente convencida de encarar una candidatura presidencial, ahora está excesivamente entusiasmada, y que por ese motivo no discrimina entre las actividades realmente indispensables y aquellas accesorias.

La teoría del estrés

En el entorno de Bachelet no dudan en calificar la situación de la ex ministra como un “episodio menor”. Desde que se conoció su internación en Copiapó, los líderes del PS anunciaron la suspensión de su agenda -incluida la nominación de su equipo de campaña- y se esmeraron en cerrar la puerta a otras especulaciones. Especialmente a las declaraciones del senador Carlos Ominami, quien explicó que los problemas de Bachelet podrían deberse al “estrés” que la aquejaba.

La interpretación de Ominami desató otros temores en el PS , puesto que validar esa teoría podría despertar dudas sobre la capacidad de la ex ministra para soportar el ritmo y la enorme presión de una campaña. Por ello, insistieron en que todo se debía a “un resfrío mal cuidado”. La propia Bachelet quiso reducir la inquietud al abordar el avión que la trasladó a Santiago: “Hay Michelle para rato”, afirmó.

Sus palabras, sin embargo, no disiparon la preocupación del equipo de Soledad Alvear, que concluyó que los comentarios sobre la debilidad física de Bachelet no sólo la perjudican a ella, sino también la suya, porque alimentan las dudas sobre si una mujer puede gobernar con firmeza cada día de su mandato.

Su frase tampoco logró evitar los comentarios en los pasillos de la Enade, donde la ausencia de Bachelet de una cita clave para sus aspiraciones fue tema obligado.

En su entorno se tomaron rápidas precauciones para garantizar su descanso y hasta el miércoles -cuando se le trasladó desde Cuidados Intermedios a una habitación particular- sólo recibía la visita de sus familiares. Hasta ese minuto ningún dirigente político pudo traspasar el cerco, incluyendo a su círculo más estrecho de asesores en el socialistmo, a la precandidata DC Soledad Alvear y otros personeros oficialistas que llegaron a visitarla.

El peso de la agenda

Las últimas semanas la candidata presidencial del PS había resentido el trabajo que realizó durante la campaña municipal. Desde su salida del Ministerio de Defensa, el 28 de septiembre, hasta las elecciones del 31 de octubre, visitó 70 comunas. En ese tiempo su rutina diaria comenzaba a las 8 de la mañana para terminar pasada la 1 de la madrugada, y aunque la cúpula del PS le había recomendado dosificar sus salidas a terreno para evitar un desgaste físico, Bachelet quiso visitar la mayor cantidad de municipios y se negó a rebajar la carga de trabajo.

Hasta el último día de campaña visitó ferias, efectuó “puerta a puertas”, asistió a proclamaciones, participó en cenas con dirigentes políticos regionales y se preocupó de lo que en cada actividad debía decir.

Quienes trabajaron con ella en la campaña aseguran que la premura por realizar tal cantidad de actividades hizo que Bachelet dejara la dieta y la rutina de ejercicios que había emprendido cuando estaba en el Ministerio de Defensa. Una costumbre que le permitió bajar 12 kilos en ese momento. Durante la campaña se alimentó generalmente con sándwiches o en cenas políticas donde se veía imposibilitada de escoger sus alimentos. A eso se sumó el poco tiempo que tenía para descansar, porque cuando se encontraba en Santiago destinaba sus escasas horas libres a su hija menor.

Temores y mea culpa en el PS

Los asesores de la ex ministra aseguran que la neumonía puede incluso servir para profundizar su empatía con la gente. “Todos nos enfermamos”, dice una alta fuente del PS.

Sin embargo, uno de los miembros del círculo más cercano a la candidata asegura que después del aneurisma, y de esta neumonía, un tercer episodio puede tener un alto costo político para sus aspiraciones políticas. Primero, porque proyectaría debilidad. “A ningún político con ambiciones le agrada que se ventilen sus problemas de salud. Menos a un candidato presidencial”, afirma un alto personero.

Y segundo, porque reconocen que uno de los atributos de todo candidato debe ser su plena disposición para la carrera electoral. En una campaña altamente mediática como la que se avecina, y al igual que en 1999, la presencia física de los abanderados es insustituible. “Perder una o dos semanas en la recta final es dar una ventaja significativa al adversario”, concluyen.

Para evitar este problema, los asesores de Bachelet ya piensan en los resguardos. Los directivos PS hacen un mea culpa en la crisis de salud de la ex ministra: dicen que desde que abandonó Defensa, ella sólo ha operado con un grupo muy estrecho de colaboradores y sin una estructura más completa, capaz de adelantar escenarios políticos, tomar decisiones de campaña, definir entre decenas de opciones las prioridades de campaña. La idea es generar ese sistema en un breve plazo y así permitirle a la abanderada delegar más y ganar tiempo

Simpatía, firmeza y visión

Pero Lagos logró finalmente ganar la presidencial de 1999 porque convenció a una mayoría del electorado que, pese a ser mal candidato, podría ser buen presidente. Así también Bachelet necesita convencer a los electores moderados que además de ser gran candidata, ella puede ser una gran presidenta.

A menos que logre convencer que ella podrá combinar simpatía con firmeza y visión en La Moneda, el mismo entusiasmo que sus seguidores evidencian a la hora de destacar la fortalezas de estadista de Ricardo Lagos, terminará alimentando las dudas sobre los atributos presidenciales de la que hasta ahora se perfila como la mejor carta electoral de la Concertación.